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Era una mujer mayor y también iba al médico, con algo de dolor.
El médico la ve y dice, con pesar:
“Abuela, te quedan unos dos meses y ya está.” Vete a casa con mata…
La anciana se fue a casa, enfadada.
El vecino la ve y le pregunta:
“¿Por qué estás enfadado?”
“Fui al médico, me dijo que estaba muy enfermo…” y que no vivan mucho…
“¿Sabes qué?” dijo el vecino.
Ve con ese viejo sabio del bosque, allí, bajo la montaña…
(Había un ermitaño allí, retraído.)
Ve a él, porque lo que dice, se cumple. Sabe si estás curado o no…
La mujer va al ermitaño.
“Padre sabio, mira…
Y ella contó que ahí había problemas.
El sabio le dijo:
“Sí, podrás curarte a ti mismo.”
“¿Me está curando?”
“¡Lo es, si quieres!”
“¿Y qué debería hacer?” pregunta.
“¡TRES DÍAS DE BONDAD!”
“¿Qué quieres decir con sabio?!
“Tres días solo lo haces bien.”
Pero no solo hacer, ni no hablar, ni pensar mal.
Que sea continuamente BUENO.
Si de alguna manera has pensado algo malo, tienes que empezar de nuevo.
¡Tres días continuos de AMABILIDAD y cualquier enfermedad se cura!
La anciana volvió a casa y empezó a pensar y decirse a sí misma:
“Bueno, eso es bastante fácil… Tres días pasan rápido…
Por supuesto, tras solo unas horas recordó que no sé qué vecino le dijo una palabra dura alguna vez,
y enseguida pensó mal también…
“¡Ah, empezad de nuevo!”
Tengo que empezar de nuevo y no pensar en nada malo.
La anciana tenía una vecina cercana,
que conocía toda la historia y las luchas de la mujer.
Mientras tanto, la vecina va a visitar a su hija, en el extranjero.
Regresó tras un año.
Y ve a la anciana de pie en el patio, allí, buscando a las gallinas.
Y ella le dice, sorprendida:
“¡Abuela, has llegado!”
¿Has aguantado tres días de bondad?
“No lo he conseguido, madre…”
Solo hasta dos días,
pero sigo luchando…
y ahora sigo luchando…
“¿Pero qué pasa con la enfermedad?”
¿Has sanado?
“No sé si estoy curado,
Pero sé que toda mi vida ha cambiado para mejor.
Siempre esforzándonos por hacer solo el BIEN,
para hablar solo BIEN,
pensar solo para BIEN,
se había olvidado de su enfermedad…
“Bueno, tío… Y caí en pecado,
y empiezo desde el principio,
que tengo que aguantar tres días solo para BIEN…
Y se centró tanto en ello que
acabó haciendo solo el Bien de aquella época,
viviendo y pensando solo en el Bien.
Rezaba todo el tiempo
y había llegado a un estado en el que su rostro
brillaba y toda su vida había cambiado.
¡Era como una Luz viviente, dondequiera que fuera!
Pero, no porque ya no le interesara la enfermedad,
sino porque la luz interior la purificaba,
la enfermedad se desvaneció
y, finalmente,
desapareció por completo.
